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Cuatro pasos para una boca sana

1. CEPILLADO

Aprende a cepillarte bien los dientes. Para hacerlo bien, necesitas al menos dos minutos, ¡solo así conseguirás una boca sana!

Durante el cepillado, se recomienda colocar el cepillo formando un ángulo de 45º con respecto a las encías y realizar movimientos cortos y suaves, tanto en la cara interna como en la externa de cada diente, haciendo un movimiento que arranque la placa de la superficie del diente y de la encía.

Recuerda limpiar todos los dientes y superficies: por dentro, por fuera, las superficies masticadoras, los dientes de difícil acceso y las zonas que rodean los empastes, las coronas y otras intervenciones. Presta atención a toda la línea de las encías. Concéntrate en limpiar minuciosamente cada parte. Para disfrutar de un aliento fresco, cepíllate también la lengua.

Si te sangran las encías, no dejes de cepillarte: con un cepillado meticuloso puedes revertir las primeras fases de la gingivitis. Visita al dentista si te siguen sangrando.

Es importante elegir un cepillo adecuado. No servirá de nada emplear una técnica de cepillado correcto si no se utiliza un buen cepillo. Lo mejor es utilizar un cepillo blando o de dureza media, con cerdas sintéticas y cabeza pequeña, para llegar a las zonas de difícil acceso. Por otro lado, es importante cambiar el cepillo cuando comience a dar señales de desgaste o cada tres meses.

2. LIMPIEZA INTERDENTAL CON HILO Y CEPILLOS ESPECIALES

Es difícil acceder al espacio interproximal, es decir, al espacio que hay entre los dientes. En estos espacios suelen quedar restos de comida que no es posible eliminar con el cepillo. Para tener una boca sana debes limpiar estas zonas debemos utilizar cepillos especiales o hilo dental al menos una vez al día.

3. USO DE ENJUAGUES BUCALES

Las bacterias se pueden alojar en muchas las zonas de la boca aparte de los dientes, como la lengua y las encías. Usar un enjuague bucal después del cepillado es importante para reducir su proliferación.

Los enjuagues bucales pueden utilizarse a diario para mantener una boca sana o de forma temporal para solucionar problemas específicos.

Lo más recomendable es incorporar un enjuague bucal diario, como LISTERINE ®, a la rutina diaria de higiene bucal como complemento del cepillado y el hilo dental. Una de las características imprescindibles de un enjuague bucal de uso diario es un efecto antibacteriano eficaz, capaz de eliminar la placa, proteger las encías y combatir las bacterias que causan la halitosis. Los enjuagues bucales a base de aceites esenciales son una buena elección porque han demostrado una eficacia excepcional en todos estos aspectos.

4. VISITA AL DENTISTA

¿Crees que tienes unos dientes fuertes y una boca sana solo porque te los cepillas a diario? Eso no es excusa para no ir al dentista. El dentista te dirá con qué frecuencia necesitas una revisión. Mucha gente no va al dentista regularmente.

La placa que se forma en la superficie de los dientes está compuesta de proteínas salivales, bacterias, azúcares complejos y ácidos. El cepillado de los dientes y el uso de enjuagues bucales e hilo dental a diario reduce estas acumulaciones. Sin embargo, si la higiene bucal es insuficiente, la placa dental termina por aparecer y se transforma en sarro debido a la acumulación de minerales.

Una vez que aparece el sarro, solo el dentista o higienista puede eliminarlo. El sarro es uno de los factores responsables de la gingivitis y de la decoloración de los dientes. Por eso nunca te insistiremos lo suficiente en que visites al dentista con regularidad.